El campo mexicano es del narco.


 En las fértiles tierras de Michoacán, donde el "oro verde" del aguacate debería simbolizar progreso, un líder campesino yace muerto. Bernardo Bravo, presidente de la Asociación de Productores de Limón de Apatzingán, fue asesinado a balazos en su rancho el 20 de octubre de 2025, apenas días después de denunciar públicamente las extorsiones que asfixian a los limoneros.


 Su crimen no es aislado: es el rostro visible de un narcoestado de facto que ha devorado el campo mexicano, cobrando "piso" por cada semilla sembrada, cada kilo cosechado y cada camión que sale rumbo al mercado. En 2025, la extorsión ha alcanzado un máximo histórico, con 5,887 víctimas en el primer semestre —la cifra más alta desde que se mide— y pérdidas para empresarios que superan los 21 mil millones de pesos hasta septiembre.


 El campo, pilar de la soberanía alimentaria, ya no pertenece a los campesinos: es territorio de cárteles como el Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Cárteles Unidos, que disputan huertas y parcelas con balas y amenazas.


Michoacán: El epicentro del terror verde

Michoacán, que produce el 80% del aguacate y el 70% del limón de México, es el laboratorio del control narco sobre la agricultura. Aquí, los productores pagan hasta 7 pesos por kilo de limón —duplicado en 2025— solo para "dejarlos sembrar", según denuncias de la Asociación de Productores.


 El maíz, cultivo de subsistencia que apenas alcanza 300 mil toneladas anuales en el estado, sufre robos masivos y cuotas de 1-2 pesos por kilo, agravando una escasez que obliga a importar de Sinaloa.


 En julio, el gobierno federal anunció la "recuperación" de 14 municipios centrales del país —muchos en Michoacán— donde la extorsión había paralizado la economía local, pero productores locales lo ven como propaganda: "Nos prometen abrazos, pero llegan balazos", tuiteó un agricultor en septiembre.


El patrón es claro: el CJNG, bajo el mando de Nemesio "El Mencho" Oseguera, cobra no solo a campesinos, sino a empacadores (hasta 40% de ingresos) y transportistas, con robos de hasta 22 toneladas en un solo asalto.


 Cárteles Unidos, su rival en Tierra Caliente, responde con violencia similar, dejando campos abandonados y familias migrando. En abril, un informe de inteligencia reveló que el CJNG opera en cinco regiones clave del país, reclutando y adiestramiento miembros para esta "guerra por el campo".


La expansión imparable: De 12 a 28 estados bajo la sombra de la 4T


El CJNG no se conforma con Michoacán. Según el mapa de la DEA de enero 2025, este cártel —designado como organización terrorista por EE.UU.— ha pasado de operar en 12 estados en 2018 a 28 en 2025, controlando rutas de exportación y puertos como Manzanillo.


 Esta expansión coincide con la llegada al poder de Morena en 2018, un periodo en que la estrategia de "abrazos, no balazos" priorizó programas sociales sobre confrontaciones directas, permitiendo que el CJNG diversificara de drogas a extorsión agrícola. Críticos señalan que, mientras el Cártel de Sinaloa se diezmaba por guerras internas —como el rift entre Chapitos y Mayos—, el CJNG creció un 30% en territorio, aliándose incluso con los hijos de "El Chapo" en Baja California para controlar tomates y maíz.


En estados gobernados por Morena, como Guerrero y Colima, las denuncias de impunidad son ensordecedoras. Un análisis de Infobae en mayo detalla cómo el CJNG y Sinaloa dominan en 25 entidades, con menos presencia solo en Durango y Tlaxcala, pero la respuesta federal ha sido tibia: operativos como "Enjambre" recuperan cargamentos, pero no tocan las raíces.


 En X, voces del campo claman: "La 4T abandonó el agro al narco, con frijoles del Bienestar que benefician a familias políticas en Zacatecas", refiriéndose a los Monreal.


No es casualidad: la "economía moral" prometida por Morena ha dejado al campo en manos de extorsionadores, con 270 mil menores reclutados para ciberextorsiones que incluyen amenazas a agricultores.


Un saqueo que cuesta vidas y soberaníaEl costo es incalculable. Empresarios han perdido 21 mil millones de pesos en 2025 por "piso" narco, un delito que se ha "metido en la piel de México", como titula El País en julio.

 

 En el centro del país, 14 municipios —de Morelos a Hidalgo— estaban totalmente tomados por extorsión hasta la "recuperación" gubernamental, que muchos ven como cosmética.


 Socialmente, es peor: deserción escolar en zonas rurales, migración masiva y una "nueva cruzada" contra la extorsión anunciada por el gobierno en julio, pero sin resultados tangibles.

 

La nueva ley contra la extorsión, aprobada esta semana, promete investigaciones de oficio y penas de hasta 15 años, pero productores dudan: "¿Quién la aplicará en Apatzingán?", preguntan en foros locales.


 Mientras, el pago de cuotas a cárteles como el CJNG podría complicar remesas y exportaciones, alertan expertos en junio.


¿Pactos implícitos o inacción culpable?


El debate político arde: ¿es herencia de PRI y PAN, o negligencia de Morena? Históricamente, el narco creció bajo todos los gobiernos, pero la expansión del CJNG —de un "vasto imperio" en cinco regiones a dominador nacional— se aceleró post-2018, con informes de la DEA advirtiendo alianzas que el Palacio Nacional minimiza.


 En Tabasco y Jalisco, escándalos de "despensas" narco sin represión inmediata alimentan sospechas de pactos electorales. Sheinbaum habla de "no ser piñata", pero en el campo, el narco reparte las cartas.


Hacia un campo libre: Urge romper el ciclo


El campo mexicano no es irredimible. Cooperativas como APEAM resisten con exportaciones directas, y sanciones de EE.UU. contra el CJNG en mayo presionan.


 Pero sin reformas judiciales independientes y un enfoque que priorice al campesino sobre la política, el narco seguirá cosechando. Bravo murió por alzar la voz; es hora de que México entero lo haga. ¿Cuántas huertas más caerán antes de que el gobierno deje los discursos y actúe? El tiempo apremia: el campo clama justicia, no más "moral" vacía.