En el México de la Cuarta Transformación, hay una dueña implacable: Doña MORENA. Ella promete el paraíso terrenal —paz, justicia, transformación profunda— y tiene un ejército de fieles que le ladran a cualquiera que ose cuestionarla. Pero como toda patrona caprichosa, cuando sus perros más leales necesitan auxilio real, los deja en la azotea: expuestos al sol, a la lluvia, sin comida ni protección. Ladridos ensordecedores para defenderla, silencio sepulcral cuando les toca sufrir las promesas incumplidas.
Los dos perros de azotea más notorios de esta historia son Fer y Guille.
Ambos han defendido a muerte al gobierno, atacando a opositores, minimizando crisis y repitiendo el guion oficial como si su vida dependiera de ello. Y en cierto modo, así fue.
Fer, el pseudo periodista y analista que durante años se presentó como baluarte de la 4T, ladraba contra la "derecha fifí", los medios conservadores y cualquiera que criticara al movimiento. Defendía con uñas y dientes la narrativa oficial: el AIFA era una maravilla, Pemex renacía, la corrupción se acababa. Hasta que, en diciembre de 2025, la realidad le mordió la mano.
Su esposa, Pao, fue nombrada magistrada en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa —un puesto de poder y buen sueldo en el sistema judicial—. Días después, Fer fue detenido en Monterrey por violencia familiar y amenazas contra ella. Transmitió en vivo desde la patrulla denunciando abuso policial, alertando sobre una posible "desaparición". Redes se llenaron de especulaciones:
¿extrajudicial? ¿apalizado? ¿condenado sin juicio? El gobierno al que tanto defendió apenas emitió un comunicado tibio. Hoy, ha reaparecido en redes hablando de política como si nada, pero el daño está hecho: ladró por la Señora, y cuando lo necesitó, ella lo dejó en la azotea, expuesto y humillado.
Luego está Guille, el analista que sigue publicando manuales contra la "derecha mentirosa", celebrando logros de la 4T y minimizando las crisis de inseguridad que azotan al país. Defiende al gobierno incluso cuando los números de desaparecidos rompen récords y los cárteles controlan territorios enteros. Pero en julio de 2025, la violencia que tanto relativizaba tocó su puerta: su hermano David desapareció en Michoacán, una zona infestada de crimen organizado, con fuerte presencia del CJNG y disputas sangrientas.
Familiares y colectivos se movilizaron; Guille pidió ayuda pública. El gobierno al que tanto mama respondió con lo de siempre: promesas vagas, búsquedas formales que no resuelven nada. En agosto de 2025, se confirmó lo peor: David fue encontrado sin vida; una mujer fue detenida en relación al caso. Mientras el hermano se pudría en la injusticia —víctima de la misma inseguridad que la 4T juró erradicar—, Guille siguió publicando hilos contra la oposición, defendiendo al movimiento. Críticos lo tildaron de "perro de azotea": ladra leal, pero cuando su familia necesitaba resultados reales, la Señora lo ignoró.La ironía es brutal. Estos dos defensores acérrimos han sido los más feroces en redes: atacando, ridiculizando, silenciando voces críticas. Pero cuando la violencia familiar, la detención arbitraria o la desaparición golpearon sus vidas, el gobierno que idolatraban les dio la espalda o respuestas insuficientes. Doña MORENA sigue en su palacio, ganando elecciones, acumulando poder. Sus perros, en cambio, quedan en la azotea: quemados por el sol de la realidad, mojados por la lluvia de la impunidad, ladrando solos.
En México hay miles de desaparecidos, miles de víctimas de violencia que nadie rescata. Pero pocos casos ilustran mejor la hipocresía: los que más defienden el sistema son los primeros abandonados por él. Mientras Doña MORENA se da la gran vida con el poder y los recursos del Estado, sus perros de azotea siguen ladrando... aunque ya nadie les tire un hueso.¿Aprenderán la lección? Lo dudo. Seguirán en la azotea, fieles hasta el final. Porque para algunos, las croquetas del poder valen más que la dignidad propia.