¡SOBERANIA, SOBERANIA! La reacción confesional de Claudia y el fin de un mito


En los últimos días, el discurso oficial desde Palacio Nacional ha alcanzado decibeles de estridencia inéditos. El grito de "Soberanía, Soberanía" no resuena ya como una convicción diplomática, sino como un lamento defensivo. La irritación —casi visceral— de la administración de Claudia Sheinbaum ante la captura de Ismael "El Mayo" Zambada ha dejado al descubierto algo que muchos sospechaban: la estructura de poder que se pretendía inmaculada está, en realidad, aterrorizada por lo que se cuenta en las cortes estadounidenses.

El avión de la discordia

¿Qué ha causado este "emputamiento" sistémico? La respuesta es tan técnica como política. La versión inicial, que atribuía la caída del "narco de narcos" a una operación interna o a una entrega voluntaria entre facciones, se desmoronó con la revelación de que la aeronave utilizada para la sustracción pertenecía a la DEA.

Para la administración, esto no es solo una captura; es una violación del guion. Al operar sin previo aviso y con éxito quirúrgico en territorio nacional, las agencias estadounidenses demostraron que el control de la seguridad en México es, a efectos prácticos, una ficción. El enojo de la titular del Ejecutivo es la reacción de quien se descubre, de repente, como un espectador en su propia casa.

El "Archivo Zambada": Una bomba de tiempo

La irritación no es por la detención de un criminal, sino por el vaciado de poder que supone que el sujeto en cuestión sea un archivo viviente. Ismael Zambada no es un capo cualquiera; es el sobreviviente de tres décadas de alternancia (PRI y PAN) y el testigo principal de las complicidades que han sostenido al sistema político mexicano desde los años 90.

Lo que inquieta a la administración es que, si Zambada comienza a hablar, la línea divisoria entre "opositores" y "oficialistas" se desvanecerá. La "reacción confesional" —esa postura defensiva que delata más de lo que intenta ocultar— ocurre porque el gobierno sabe que Zambada conoce los puntos de contacto entre el crimen organizado y el aparato gubernamental actual. Ya no se trata de quién movió qué carga, sino de quién recibió qué financiamiento.

La trampa del "Super Policía" y la herencia de García Luna

La narrativa oficial se ha vuelto un laberinto de contradicciones. Por un lado, se invoca a Genaro García Luna como el símbolo de todo lo que estuvo mal en el pasado. Pero, por otro lado, esa misma administración ha confiado la seguridad del país a Omar García Harfuch, un funcionario cuya formación y trayectoria están intrínsecamente ligadas a las estructuras de seguridad de aquella era.
Además, el señalamiento de figuras como Alfonso Romo en redes de lavado de dinero vinculadas a la era lopezobradorista ha cerrado la pinza. El discurso de "limpieza" se agota cuando las pruebas en Washington no distinguen entre siglas partidistas. Los expedientes que hoy alimentan los fiscales estadounidenses no son políticos, son financieros.

Un gobierno bajo tutela

Estamos presenciando el colapso de una arquitectura de seguridad que permitió al narco mexicano actuar como el financista de proyectos geopolíticos globales —desde el apoyo a proxies iraníes hasta el soporte del régimen venezolano—. Al capturar a figuras como Ovidio Guzmán y Zambada, Estados Unidos no está solo realizando arrestos; está desmantelando los puentes que conectaban al Estado mexicano con una red global de inestabilidad.

Si la historia que cuentan los capos ahora en custodia conecta puntos desde Sinaloa hasta Damasco o Caracas, la irritación de la administración se entiende: ya no están peleando por "soberanía", están peleando por su supervivencia ante un expediente internacional que ya no pueden controlar ni censurar.

La administración se comporta como si usara "Internet Explorer" en una era de inteligencia digital de alta velocidad. Mientras insisten en el grito de soberanía, la realidad procesal avanza, dejándolos maniatados y con un margen de maniobra que se reduce con cada nueva declaración en el norte.
El mito de la invulnerabilidad se ha roto. Y ante el eco de lo que está por revelarse, el grito de "¡Soberanía!" suena menos a defensa de la patria y más a un ruego desesperado por silencio.